Ponga un prospecto en su vida

Hola, hola, hola amigos. Dependiendo de tu edad puede que hayas leído el inicio de esta entrada con la voz de Troy McLure o la de Joaquín Luqui, en caso de que seas un extraterrestre y no conozcas a ninguno, como preámbulo te presentaré a ambos.

En primer lugar, y porque no tengo ni idea de qué voy a hablar hoy, y no va a ser de publicidad, te presentaré a la voz que me acompañó durante años mientras “hacía los deberes” (en realidad hacía de todo menos los deberes, como apañármelas para tener la consola sin sonido y no morir en el intento, o grabar innumerables casetes con música de radio fórmula):

Joaquín Luqui, el quinto Beatle, el único, el inimitable (y ahora parezco José Luis Moreno, vaya mañana a mía).

 

Y aquí, tenemos a Troy McLure, estoy segura de que si busco por mis recuerdos de 53 con Capuchino, aparecerá este saludo como forma de llegar y sentarnos a la mesa. Y si no sale, ya lo creo ahora mismo, por arte de magia emocional. Estoy entrando en la cafetería de la Comer en Deusto (una de esas vetustas, llenas de chavalería que hacen contraste con sus mesas de los años 50, o más), veo a mis amigos que han optado por saltarse alguna clase para compartir cafeína, y según llego a la mesa: “hola, soy Troy McLure

 

Sin más dilación, pasaremos a lo importante, abrimos por vacaciones. Lo fácil, lo típico, y lo que hace todo el mundo por estas fechas en busca de relleno, es un sencillo listado del top de los anuncios del verano, los hits del verano, los helados del verano… Y así, hasta el infinito y más allá. Igual que en Navidad se hace el balance de lo bueno y malo, y siempre tenemos las 12 uvas, destilamos originalidad, lo sé.

A partir de aquí hablaremos de prospectos de medicinas

Habéis leído bien, ¿qué tienen los prospectos de medicinas? ¿Tienen algo que ver con publicidad? ¿Van a patrocinar a Rafa Nadal además de Kia, Bacardi o Mapfre? La respuesta a todas estas preguntas, y a muchas más es la misma: no. Aunque como me encantaba contestarle a mi querido Javier Regueira en sus clases de Marketing Directo: depende. Huelga decir que poner a un gallego nervioso con ambigüedades no es fácil. Es decir, a día de hoy, no creo que en algo meramente informativo el Ministerio de Sanidad permita poner publicidad, pero habiendo dinero de por medio, todo puede ser.

A lo que iba, ¿qué pintan entonces aquí? Podría decir, por meterlo con calzador y por los pelos, que entra dentro del apartado de Producto del Marketing Mix. En honor a la verdad, toda esta historia surge de una mañana con una amiga en casa, haciendo la siempre complicada operación de volver a doblar un prospecto y meterlo en la caja del medicamento.

Un amigo común, geógrafo (aunque no ejerce), nos contó que en su carrera se estudiaba en una asignatura cómo doblar mapas. Debería preguntarle a mi prima, una de las pequeñas, farmacéuticas, si en su carrera les enseñaron a doblar prospectos. Madre mía, yo creo que en los laboratorios tienen millones de chinos doblándolos para encajarlos, eso no tiene sentido.

Abres uno y nunca más vuelve a su forma.

Por 25 céntimos: usos de un prospecto

Dado que todo este galimatías venía por el típico comentario sin mayor importancia, el típico de “tía, deberías de escribir sobre esto en el blog“. Lo primero de todo, hago un llamamiento a mis queridas lectoras, pues quisiera comprobarlo (y subir la foto aquí), dado que mi artista invitada me inspiró con un prospecto especial: el de la píldora.

Sí amigas, y es que como ella dijo, el prospecto de la píldora parece un paracaídas. Por favor, si alguien me hace llegar uno estaré eternamente agradecida. Incluso, prometo que el día que tenga mi canal de Youtube haré una sección dedicada a “manualidades con un prospecto, construye tu propio paracaídas“.

Una vez que ya hemos asumido que el papelajo no volverá a la caja, pues juguemos al un, dos, tres.
Una, que a veces es un poco campestre, pensó que desplegados los dos kilómetros de celulosa, bien podrían servir como: manta térmica, mantelito de picnic, y se lo recomiendo encarecidamente a los Servicios de Emergencias para montar un hospital de campaña.

Además, dedicado a mi profe, también diré que podría decirse que es la Sacra Sindone, por fin me he aprendido el nombre en italiano. Casi no lo tengo que buscar en Google. Ya estoy lista para ir a Turín. A lo que iba, el cachivache de papel puede generar veneración y admiración a partes iguales, con una férrea competencia a la Sábana Santa. Por lo de sábana, no vayamos a confundirnos, creo que Ikea debería añadirlo a su catálogo de ropa de cama, para todos los tamaños de colchones de su tienda, incluso colocándolos juntos.

Desde aquí, también recomiendo a todos los establecimientos con pago por tarjeta que guarden uno cerca del aparatejo, por evitar eso de que se queden sin papel justo cuando más prisa tienes.

Por un gallifante, ¿qué más usos le darías a un prospecto de una medicina?
Y, recuerda. Si tienes una Bati Cao, escríbeme, tenemos mucho de qué hablar.

Si te ha gustado esta entrada, no te puedes perder: Los anuncios de Ikea, la república independiente de la Creatividad.

2 Comentarios
  • Paceina
    Escrito a las 14:35h, 27 junio Responder

    1. Para calzar una mesa coja
    2. Para crear una lista de excusas para no ir a clase con los “posibles efectos secundarios”
    3. Para abanicarse
    4. Para envolver bocatas
    5. Para envovler regalos

    Te paso mi dirección por privado paa los gallifantes

    • La Becaria
      Escrito a las 14:52h, 27 junio Responder

      Me encanta la lista de excusas para no ir a clase y sus posibles efectos secundarios… Sí, sí… eso tenemos que explotarlo jejeje
      Pásame esa dirección, voy buscando el Gallifante, espero que Ebay no defraude.

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